GEMA ALAVA
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FALTA DE ATENCION
Por Alfonso Armada
ABC, 26 de Noviembre, 2008

(…) La falta de atención no nos deja verles cuando hacemos la ronda del turismo y venimos a compra lo que no necesitamos. Esa “Falta de atención” que la polaca Wislawa Szymborska esgrimía en un poema en el que se reprochaba haberse portado mal en el cosmos, haber dejado pasar un día sin preguntarse por nada, cumpliendo obligaciones cotidianas. ¿Cómo me porté hoy en Manhattan? Me citó Gema Álava Crisóstomo, artista de sombras y tendales, artista de la fragilidad, a la puerta del MoMA, que como la casa del clásico, malo es de guardar, porque tiene más de una. No nos encontramos, pero no perdí el tiempo: vi cómo la lluvia prometida mojaba la acera. Cómo una gran señora era escoltada por dos calcos de Glenn Lowry (el director del museo), pero con menos galones, y volvían a meterse dentro a causa del chubasco, antes de bajar de nuevo con dos paraguas, sin que ninguno de los dos acertara a cubrirla. Vi cómo un miembro del “staff” llegaba en bicicleta y la plegaba con cuatro toques mágicos hasta convertirla en un cuadrado y llevársela casi bajo el brazo. Vi cómo un repartidor con chaleco, pajarita negra y gorra a juego dejaba la bici atada a una señal y entraba con un pedido al templo del arte moderno. Cuando me fui a probar suerte de la puerta de la calle 53 a la de la 54 pensé que el muro del jardín del museo podía ser una metáfora del muro que multiplican en la frontera con México y de la valla de Ceuta y Melilla y que se podía y debía hacer algo con ese muro del MoMA que hiciera alusión a los otros muros y dejara en evidencia a la exquisita catedral de la liberación. Me fijé en el suelo mojado y pensé que, al menos en la esquina con la Sexta Avenida, era como basalto de una civilización gigantesca: su lápida, con los rascacielos reflejándose en los charcos. Vi cómo una chica de altos zapatos de tacón daba las últimas instrucciones para una rueda de prensa sobre la movilidad (“mobility”) en la arquitecta Zaza Hadid (que acaba de inaugurar en Central Park un museo portátil a mayor gloria y vanidad de Chanel -parece un bolso de las mil y una noches-, que llegó desde Tokio en un carguero, desmontado en el interior de 55 contenedores) y me acordé de que mi amiga dudaba de de si móvil se escribía con uve. Vi también cómo uno de los encargados del “catering” (un hispano, claro) doblaba de forma milimétrica un mantel negro haciendo perfectas triangulaciones hasta conseguir una superficie sin arrugas, impecable, y cómo se hacían daño tres camareros tratando de desencajar tres cubetas blancas incrustadas en sí mismas como si estuvieran soldadas. Me agaché para ver de cerca un objeto de color lapislázuli: era la pestaña rota de un bolígrafo. También me fijé en lo tensas y estresadas que caminan las chicas que trabajan en el MoMA cuando regresan con su bolsita de papel con el sandwich del almuerzo dentro y con qué poca espontaneidad y alegría saludan al entrar. Y me fijé en el bólido rojo colgado de la pared y en la cabeza de Rodin y en las fuentes del jardín un día de lluvia, martes en que el museo está cerrado y cantan para nadie tras el muro de la calle 54. (…)

TEXTO COMPLETO: http://www.abc.es/informacion/Sueno_americano/sueno2.htm

 



c) Gema Alava 2008